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Micropagos y menores de edad. ¿Cómo proteger a los niños?

MICROPAGOS Y MENORES DE EDAD. PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS Y MENORES DE LAS ADICCIONES.

 

EL AUGE DE LOS MICROPAGOS SURGIÓ POR LOS JUEGOS EN INTERNET Y LOS MODOS MULTIJUGADOR. AÑOS ANTES, EL JUGADOR ACUDÍA A UNA TIENDA FÍSICA ESPECIALIZADA, COMPRABA UN VIDEOJUEGO Y NO VOLVÍA A GASTAR DINERO HASTA QUE NUEVAMENTE NECESITARA UNO NUEVO. PARA QUE ESTO OCURRIERA PODÍAN PASAR MESES; SIN EMBARGO, CON EL ACCESO FÁCIL A INTERNET, SE PUEDE ADQUIRIR CUALQUIER JUEGO DESDE CUALQUIER PLATAFORMA O SOPORTE..

 

Los micropagos han estado asociados a rentabilidad en la industria, porque evidentemente gracias a ellos se paga la nómina de miles de desarrolladores, pero también se le ha asociado con un tipo de «adicción»; debido a que, la necesidad de tener ventajas o accesorios para personalizar el juego conlleva a que los jugadores a que gasten sus euros para obtenerlo, incluso lo más pequeños, a quienes se les considera los más vulnerables.

Micropagos y los menores de edad.

 

Pese a que no estamos ante un sistema nuevo – el de los micropagos-, la expansión masiva de este recurso ha generado un sinfín de comentarios e innumerables críticas. El debate ha estado muy delimitado a dos enfoques esenciales: el relacionado con la experiencia del jugador (lo que podríamos llamar el enfoque gamer) y el relacionado con la legislación o la nomenclatura, el cual se discute a raíz de la adicción por la compra de estos artículos, sobre todo en los más jóvenes.

Como es de esperarse, las críticas más fuertes van relacionadas con un aspecto económico. Los jugadores que ya habían gastado una x cantidad de dinero por un título en una gran desarrolladora, caso de For Honor,  también se veían en la necesidad de pagar un dinero extra mediante los llamados micropagos para obtener las mismas habilidades, aspecto u oportunidades que otros jugadores con mayor capacidad económica, así lo reseñó una página especializada.

Esta dependencia a querer tener ventajas sobre otros jugadores generó la preocupación de algunos políticos por la salud mental de los niños; por ejemplo, Koen Geens, Ministro de Justicia belga, decidió llevar una propuesta de regulación al parlamento de su país para lograr la prohibición de estas cajas botín o pay2win, las cuales también se obtienen mediante micropagos.

No obstante, la propuesta de Geens presentaba varios problemas, entre ellos, insistía en clasificar estas cajas loot como «apuestas», una denominación más legal que práctica y que es imposible aplicar a casi nada de lo relacionado con los videojuegos. Lamentablemente, lo que en Bélgica puede ser considerado como una «apuesta», en las exigencias españolas, inglesas, norteamericanas o francesas no corresponde; debido a que, estos cofres no ofrecen dinero a cambio sino recompensas al azar, es decir, el jugador siempre obtiene algo por su inversión inicial.

Ahora, reducir el problema de estos cofres no puede resumirse en la nomenclatura o en el marco legal de un país, en función a la economía. Tanto los creadores de los videojuegos como los jugadores deberían pensar en algo mucho más importante para el gamer: la adicción y la dependencia. Esta realidad da pie a una patología que vuelve vulnerable a la persona, una sensación de inferioridad si no se posee el dinero para ganar.

El tema ha generado una especie de alarmismo en los medios de comunciación, quienes  han tratado la adicción a los videojuegos durante los últimos 15 años. Gastar para ganar está lejos de ser un motivo de burla por parte de los aficionados, está mucho más relacionado con la codependencia, incluso, de un niño.

Aunque muchos de los artículos publicados sobre el Pay To Win tengan una tendencia sensacionalista, lo cierto es que sí pueden generar adicción, al menos así lo afirma la neurociencia del aprendizaje. Pero no es algo solo de los videojuegos, se relaciona con todo lo que produzca una satisfacción instantánea que suponga una descarga dopamínica que nos genera craving, la fuerza motivadora principal de la conducta adictiva. Lo mismo podría ocurrir con el deporte, la televisión o las relaciones.

Según los estudios de Juan Francisco Navas, del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, las alteraciones en los mecanismos cerebrales que presentan tanto los niños como los adultos susceptibles a la ludopatía conllevan dificultades en la toma de decisiones, hiposensibilidad al castigo, hipersensibilidad a la recompensa e incapacidad para recordar el historial de ganancias y pérdidas. Las cajas de botín parecen especialmente diseñadas para explotar estas alteraciones de la forma más directa posible.

Cómo controlar los micropagos en los niños.

La mezcla de micropagos y niños es una combinación honestamente peligrosa. Uno de los principales problemas con este tema, sin duda, es la edad de quienes tienen acceso a estos sistemas. La educación financiera dada a un menor de edad es poca o insuficiente; por ende, el autocontrol es menor que en el caso de los adultos. Adicionalmente, los micropagos fueron diseñados para ser muy atractivos. La verdad es que la pregunta de ¿Qué hacer en estos escenarios? resulta muy importante para los padres.

Resulta innegable decir que ser padre en pleno siglo XXI no es nada fácil. Ya no se trata solo de lidiar con la personalidad y los cambios emocionales del menor, sino que ahora también en necesario hacerlo con el entorno. Desde que los influencers existen – y se multiplican – es cada vez más difícil restringir a los jóvenes. Las redes sociales como Instagram, TikTok, YouTube o Twitch invitan a los niños todos los días a sumarse o a formar parte, ello también implica querer ser como los demás.

Para los padres de hoy día es muy difícil decidir si es mejor darles un teléfono o no, cuándo deberían dárselo por primera vez y cómo monitorear su ingreso a las redes sociales. Este punto es importante también, una vez que los padres acceden a entregar un celular y que sus hijos entren al mundo de las redes, ahora se enfrentan a un nuevo desafío: Cuánto tiempo debería pasar con el ordenador o el smartphone para hacer vida virtual.

Sin duda, consumir vídeos de YouTube o retransmisiones de Twitch forma casi que una rutina para los jóvenes de esta generación, así como jugar ciertos videojuegos en los dispositivos móviles o en su ordenador, usualmente estos son gratuitos y con ello vienen los micropagos o microtransacciones.

Nos guste o no, tarde o temprano llegará la moda a casa. Los muchachos quieren ser como su influencer favorito o convertirse en uno y para ello se crea la necesidad de «tener» o de «ganar» como lo hace el otro. Si todos en el colegio juegan un juego famoso, tarde o temprano él querrá jugarlo y vencer a sus compañeros.

En este mismo sentido, si todos compran trajes, movimientos u otros extras virtuales para mejorar la apariencia de su personaje o para ganar, él o ella querrán hacerlo también. La supervisión es sin duda una de las tareas más complicadas, pero también necesarias; puesto que, estas invitaciones constantes a pagar con dinero real no se pueden eliminar. Por el contrario, forman parte del juego para monetizarlo.

Aceptar o no los micropagos.

 

Sin duda la primera decisión que los padres deben tomar es si sus hijos asumirán la responsabilidad de hacer por ellos mismos estos pagos a través de este sistema, ya que de esta forma serán ellos los que utilicen las tarjetas de crédito u otro método de pago para cubrir con el gasto que les solicita el videojuego. En caso de ser así, sus representantes asumen el grado de riesgo al brindarles los datos de sus cuentas a su disposición.

En caso contrario, no podrán hacer micropagos en el smartphone, ordenador o consola de videojuegos. Sin embargo, si juegan a determinados videojuegos, tarde o temprano terminarán por proponer que les faciliten estos datos para poder avanzar en los juegos.

Es entonces que, los padres de estos niños, tiene tres opciones:

  1. Prohibir los micropagos: Aunque parezca simple, ya hemos comentado que estos micropagos no pueden ser eliminados de los videojuegos que descargan o juegan en línea los niños, pero sí pueden evitarse previo acuerdo o conversación con los jóvenes, o simplemente, no compartiéndoles los datos bancarios.
  2. Configurar la tarjeta de crédito: Para que el niño pueda pagar en línea con este sistema de micropagos, resulta necesario configurar la tarjeta e incorporar la información en el juego. Si esto no ocurre, no habrá forma de lograr la transacción.
  3. Darles permiso total u optar por las tarjetas regalo: Juegos como Fortnite permiten adquirir tarjetas regalo que se canjean por moneda virtual que servirán para realizar los micropagos. Las tarjetas tienen un valor determinado, como las tarjetas prepago. Al terminarse esa cantidad, no hay más. Este método de pago intermedio puede funcionarle a los paradres para racionar los micropagos.

Una información realmente útil en relación a este tema, es que no necesariamente introducirlos en este sistema es malo. Más allá de permitir o no a nuestro hijo que realice micropagos, es necesario acordar con ellos una cantidad máxima de gasto mensual, o mejor dicho, los micropagos pueden usarse para introducir a los menores en la educación financiera y digital que, a lo largo de su vida, van a necesitar.

Esta puede ser una forma de explicarles la diferencia entre dinero virtual y dinero real, permitirles a ellos visualizar y materializar el valor al esfuerzo necesario para obtener ese dinero real, es decir, que tengan que ganarse ese beneficio para ellos mismos. Asimismo, les permite entender sobre autocontrol y no dejarse llevar por las compras irracionales. Quizá este es uno de los puntos más importantes, más aún asumiendo que vivimos en una sociedad consumista, este ejercicio podría generar en los niños una perspectiva de valor diferente.

Limitaciones a los micropagos.

Aunque no se pueden desaparecer los micropagos de los juegos, en el caso de smartphones, sí se pueden controlar o limitar de forma más fácil. Para empezar, si el dispositivo es de uso exclusivo del menor, simplemente evitaremos configurar una tarjeta de crédito u otro método de pago.

Es importante conocer que tanto Google Play como Apple Store ofrecen tarjetas regalo con valores determinados. Así los padres podrían controlar los consumos.

LOOT BOXES: REGULACIÓN. PARTE 1.

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El sistema ESRB – Clasificación por edades en los videojuegos. 

El sistema PEGI – Clasificación por edades en los videojuegos.

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